01.12.2021

Firma invitada: La Seguridad en América Latina ¿Cómo refundar la conversación?

¿Cómo refundar la conversación sobre seguridad, para conseguir la reducción de todas las violencias, incluso las del Estado junto con las múltiples inseguridades que, a su vez, son condiciones para que la violencia se reproduzca?

Jenny Pearce, profesora en el Latin America and Caribbean Centre, London School of Economics and Political Science (Reino Unido). Autora de Politics without Violence? Towards a Post-Weberian Enlightenment, Palgrave Macmillan, Londres, 2020.

Existe un acuerdo general en que la situación de seguridad en América Latina es una de las peores en el mundo. Normalmente, la seguridad se mide en términos de homicidios por cada 100.000 personas. La media global en 2017 fue de 6.1 por 100.000, y 90% llevados a cabo por hombres. A la vez, el 81% de las víctimas fueron hombres, según el Estudio Global de Homicidios de UNODC 2019. América Central tenía un promedio de 25.9% homicidios por 100.000 personas y América del Sur el 24.2%. Estas son las tasas más altas en el mundo. (Estudio Mundial sobre el Homicidio Resumen ejecutivo, UNODC, Viena, 2019. https://www.unodc.org/documents/data-and-analysis/gsh/Booklet2.pdf).

Las estadísticas de homicidios nos ofrecen una mirada necesaria pero muy limitada de lo que significa vivir en las condiciones de inseguridad que sufren muchas personas en la región. Al mismo tiempo, nos lleva a preguntar ¿qué entendemos por (in)seguridad? Y ¿qué entendemos por violencia? Y al final ¿cómo repensar la seguridad cuando se reconoce que la(s) violencia(s) no es la única fuente de inseguridad?

La conversación sobre este tema sigue estando muy orientada hacia una serie de contrapuestos. Por ejemplo: seguridad del Estado vs seguridad ciudadana, represión vs prevención, policía nacional vs policía de proximidad.

En realidad, lo que sigue predominando es un enfoque militarizado y punitivo de la seguridad desde el Estado. Esta es muy a menudo la ruta tomada después de declaraciones de diferente tipo. Por ejemplo, el presidente, Andrés Lopez Obrador, político de la izquierda, indicó que iba a priorizar 'abrazos no balazos' en su campaña electoral de 2018. Sin embargo, pasados ​​pocos meses de su presidencia, formó una Guardia Nacional, esencialmente bajo mando militar y dio al ejército un papel en las fronteras y diversas atribuciones que nunca había tenido. Lopez Obrador enfrenta una situación muy compleja, y escribo justamente desde México.

¿Cómo refundar la conversación sobre seguridad, para conseguir la reducción de todas las violencias, incluso las del Estado junto con las múltiples inseguridades que, a su vez, son condiciones para que la violencia se reproduzca?

Para responder a esta pregunta compleja daría tres pasos. Primero, iría por la ruta de la clarificación sobre cómo entendemos violencia e (in)seguridad. Segundo, me adentraría en experiencias con una metodología de trabajo que arranca desde la inclusión de los que sufren la violencia e inseguridad en su vida cotidiana para que ellos y ellas definan lo que implica violencia e (in)seguridad en sus vidas y tercero, terminaría con la importancia de conectar esas voces desde las experiencias cotidianas con los actores cívicos y estados estarán disponibles a entrar en una conversación nueva.

Metodologías para Co-Construir y Refundar la conversación sobre Seguridad

No es imposible reorientar la conversación sobre seguridad cuando se usan metodologías participativas que consideren seriamente qué implica vivir bajo amenazas constantes de “violencia crónica” dentro de todos los espacios de socialización, desde lo íntimo, hasta la calle, la escuela, la cárcel y otros ámbitos. (Pearce, J. (2007) “Violence, Power and Participation. Building Citizenship in Contexts of Chronic Violence”. IDS Working Paper, 274, Brighton IDS).

Cuando se reconoce que todas las violencias importan, no solamente la violencia letal, se empieza a tener otra mirada que va más allá de medirla con base en homicidios. Se entiende mejor también que la criminalidad es un gran reproductor de la violencia, pero no la única, y que también tiene raíces sociales.

Se puede entonces apreciar que la inseguridad es algo mucho más amplio que la violencia y la criminalidad. Es algo subjetivo y no solamente objetivo y medible. Se trata de poder planear la vida, sabiendo que lo básico está garantizado. Por ejemplo, la salud, la educación, la vivienda.

Es por esta razón que las Naciones Unidas lanzó el concepto de Seguridad Humana en la década de los 1990. Este concepto tiene una gran resonancia entre comunidades que viven en el medio de múltiples amenazas. Sin embargo, a la Seguridad Humana le falta 'agencia' o capacidad de acción social necesaria para impulsarla. 

En este vacío, muy a menudo los políticos ofrecen un 'populismo punitivo'. Hay un peligro latente y activo en América Latina de 'ciudadanía autoritaria'. O sea que, en el medio de las inseguridades constantes, la ciudadanía acepta se le quiten los derechos en el nombre de la 'seguridad'.

Trabajando en varias comunidades pobres urbanas y rurales de América Latina en los últimos 12 años, un equipo de académicos, activistas e investigadores comunitarios, hemos confirmado la gran capacidad de repensar la conversación sobre la seguridad entre los que viven el problema. (El articulo académico que analiza este trabajo: Pearce, J. y Abello Colak, A. (2021) “Humanising Security Through Action Oriented Research”. Development and Change 1-26, publicado online el 12 de octubre-  https: // onlinelibrary .wiley.com / doi / full / 10.1111 / dech.12689). 

Además, con métodos participativos, se puede ir desde las 'quejas' de su situación hasta 'propuestas' para ellos / ellas y otros actores en la sociedad civil y el Estado. En México, por ejemplo, coproducimos Agendas de Seguridad Humana con cuatro comunidades en cuatro ciudades muy golpeadas por la violencia. (Las Agendas y el libro en español en: https://www.lse.ac.uk/lacc/research/co-constructing-human-security-in-mexico-2).

El próximo paso es hacer posible que el conocimiento de esas experiencias sea considerado por otros actores de la sociedad civil y el Estado. Con Trevor Stack de la Universidad de Aberdeen y Salvador Maldonado del Colegio de Michocán, y contrapartes en Apatzingan, Zamora, Xalapa y Guadalajara estamos construyendo propuestas de colaboración entre estos actores y las comunidades.

Para refundar la conversación, hay que conectar actores disponibles a reconocer que se puede medir la seguridad no en términos de cuántas personas son capturadas, los muertos por acciones policiacas / militarizados, ni por la cantidad de encarcelamientos que se realizan. Una forma más real es medir en términos de qué tan segura se siente la ciudadanía, frente no solamente al crimen y las violencias perpetrados en el espacio íntimo y por agentes del Estado, sino también frente al derecho de cada persona a una seguridad humana.

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