04.03.2026

Respuestas al nuevo orden mundial de Washington

Moción del Comité Ejecutivo del SPD del 8 de febrero de 2026

La relación transatlántica tal como ha existido durante décadas está en una profunda crisis. Las recientes acciones de Estados Unidos en Venezuela y el debate sobre Groenlandia demuestran que, bajo la presidencia de Trump, Estados Unidos se distancia cada vez más del orden internacional basado en normas que durante mucho tiempo ha sustentado la cooperación global. 

En consonancia con sus estrategias de seguridad nacional y defensa, la administración estadounidense concede cada vez menos importancia al derecho internacional. Se están cuestionando alianzas y asociaciones de larga data, mientras que las instituciones multilaterales están siendo marginadas. 
En su lugar, emerge una visión del mundo que enfatiza la dominancia de las grandes potencias dentro de esferas de influencia claramente definidas. En lugar de cooperación, la política exterior estadounidense está cada vez más marcada por la política de poder, la presión económica y la fuerza militar al servicio de intereses nacionales a corto plazo.

Estos desarrollos generan serias dudas sobre la confiabilidad de Estados Unidos como socio y aliado internacional. La actual orientación de la política exterior estadounidense bajo el presidente Trump, así como las acciones y comunicaciones de su gabinete, están erosionando la confianza construida durante años en el marco de alianzas, organizaciones multilaterales e iniciativas globales. 

Esta tendencia contribuye al aumento de la incertidumbre en el sistema internacional y socava la previsibilidad a largo plazo para los estados de todo el mundo. Aumenta la inestabilidad y eleva el riesgo de conflictos. 
Como resultado, Europa y Alemania enfrentan grandes desafíos en tres áreas clave: política de seguridad, política económica y política interna.


1. Retos de la política de seguridad


Desde la perspectiva de la seguridad, Europa enfrenta un doble desafío. La guerra de agresión de Rusia contra Ucrania continúa, mientras que las principales iniciativas diplomáticas sobre un posible fin de la guerra se están llevando a cabo cada vez más entre Estados Unidos y Rusia, sin la participación suficiente de Europa o Ucrania. Esto margina los intereses europeos y ucranianos. 

Al mismo tiempo, crece la incertidumbre sobre el futuro papel de Estados Unidos en Europa. 

El debate sobre la fiabilidad de Washington como el aliado más importante de la OTAN plantea cuestiones fundamentales sobre su disposición a seguir contribuyendo de manera integral a la seguridad europea frente a Rusia, así como sobre la forma futura de un orden de paz europeo sostenible y estable.


2. Retos de la política económica


Europa también enfrenta una presión creciente en el ámbito de la política económica. La capacidad regulatoria de la Unión Europea y el tamaño de su mercado interno constituyen una fuente de influencia independiente en el orden económico mundial.

La regulación europea, especialmente en el sector digital, afecta los intereses empresariales estadounidenses, lo que provoca que la administración estadounidense realice importantes esfuerzos para debilitar las normas europeas que rigen las plataformas digitales. Al mismo tiempo, las políticas arancelarias del presidente Trump están poniendo bajo presión a la industria europea. 

Las empresas europeas corren el riesgo de ser desplazadas del importante mercado estadounidense.


3. Retos de la política interna


El modelo social y democrático liberal de Europa se ha convertido en el centro de una confrontación ideológica. La administración estadounidense enmarca explícitamente este modelo como un desafío de seguridad que debe ser combatido. Los debates legítimos sobre migración se exageran y polarizan deliberadamente. Se construyen narrativas sobre una supuesta "decadencia civilizacional". 

La administración estadounidense persigue una visión de una Europa fragmentada en estados nacionales y busca activamente debilitar a la Unión Europea apoyando fuerzas políticas críticas con la UE en todo el continente.
En este contexto, es esencial que Alemania realice una evaluación realista de su relación con Estados Unidos. Desde la última posición integral de política exterior del SPD, en diciembre de 2023, el entorno geopolítico ha cambiado significativamente. 

Mientras que las relaciones con Estados Unidos bajo la administración Biden se basaban en un fuerte y compartido compromiso con valores comunes, la conducta de la administración Trump ha puesto en duda esta fiabilidad. Las relaciones transatlánticas ya no pueden darse por sentadas. 

Ante estas incertidumbres, el SPD debe desarrollar nuevos enfoques de política exterior arraigados en sus valores fundamentales de libertad, justicia y solidaridad, y trabajar para fortalecer la autonomía estratégica de Europa.


Una estrategia socialdemócrata para una Europa soberana


A pesar de las crecientes tensiones, una ruptura con Estados Unidos no está en el interés de Europa. Incluso cuando las prioridades de la actual administración estadounidense ya no se alinean con los intereses europeos, Estados Unidos sigue siendo un socio político, económico y de seguridad clave. 

Europa, por tanto, debe seguir una estrategia de simultaneidad: reconocer las dependencias mutuas existentes, pero fortalecer resueltamente su propia seguridad, independencia y soberanía. 

Los enfoques anteriores basados en la acomodación y la desescalada frente a la administración Trump no han logrado una asociación verdaderamente cooperativa entre Europa y Washington.

La Unión Europea debe coordinar cada vez más su toma de decisiones internas de forma independiente de los procesos transatlánticos.

Fortalecer la UE desde dentro mediante la reforma institucional es esencial si quiere actuar de forma autónoma entre Estados Unidos, China y otras potencias globales. Europa debe afirmar sus valores e intereses con confianza, profundizar la cooperación con socios afines y posicionarse como un polo atractivo de estabilidad política y económica. Así, Europa puede servir de ancla fiable para otras regiones y estados en un orden mundial cada vez más fragmentado.

Alemania, acorde con su peso económico y político, debe asumir un papel de liderazgo en posicionar a la UE como un actor fuerte y capaz en el nuevo orden mundial. Una Europa libre, segura y económicamente sólida es un interés central alemán. 

Por tanto, Europa debe combinar una gestión eficaz de crisis con una clara ambición de dar forma a los resultados.

Esto incluye la europeización de la arquitectura de seguridad, el apoyo estratégico sostenido a Ucrania, el fortalecimiento de la cooperación multilateral con el Sur Global y socios afines, la defensa de las instituciones democráticas contra injerencias externas, garantizar la soberanía digital mediante una regulación clara y plataformas europeas, y recalibrar las relaciones transatlánticas.

Aunque la actual administración estadounidense ha mostrado su reticencia a tratar con la UE como contraparte igual, sigue siendo evidente que la UE es el único interlocutor para sus estados miembros en muchas áreas políticas.
Nuestras respuestas al rumbo de la política exterior de la administración estadounidense.


1. Fortalecimiento de la arquitectura de seguridad europea


Europa seguirá dependiendo de las capacidades estadounidenses en materia de seguridad y defensa en el futuro previsible. La cooperación dentro de la OTAN y un firme compromiso con el Artículo 5 siguen siendo pilares esenciales de la seguridad europea. 

Al mismo tiempo, hace tiempo que es evidente que Europa debe fortalecer rápidamente sus propias capacidades de defensa para reducir su vulnerabilidad ante cambios políticos en Washington. La soberanía estratégica en política de defensa es indispensable.

La exención del gasto en defensa respecto al freno de la deuda alemán proporciona el margen fiscal necesario para avanzar en las iniciativas europeas. 

Alemania puede actuar como catalizador para una mayor cooperación europea, reuniendo a socios de la UE y no pertenecientes a la UE, como el Reino Unido, Noruega y Canadá, en el desarrollo conjunto de capacidades, adquisiciones e investigación. Las áreas prioritarias incluyen el reconocimiento satelital, la navegación y las capacidades de mando, control y comunicación.

Una mayor integración de las políticas de defensa y de las fuerzas armadas europeas es esencial para fortalecer el pilar europeo dentro de la OTAN. Los estados europeos deben asumir una mayor responsabilidad operativa y financiera. Para lograr este objetivo lo antes posible, deben ampliarse los formatos de cooperación existentes que han tenido éxito, complementándolos con nuevos instrumentos que puedan institucionalizarse con el tiempo.

La Agencia Europea de Defensa desempeña un papel clave en la coordinación de adquisiciones, la armonización de la planificación de capacidades y la consolidación de la industria de defensa europea. 

Un enfoque coherente de "Comprar europeo"—priorizando sistemas y proveedores europeos—será crucial para lograr la autonomía estratégica. Dada la magnitud de la inversión necesaria, serán imprescindibles instrumentos comunes de financiación europea.

El enfoque europeo de la seguridad debe ser integral. La verdadera resiliencia requiere inversiones no solo en capacidades militares, sino también en protección civil y una infraestructura civil robusta, incluidos redes de transporte, seguridad energética y sistemas de comunicación seguros.


2. Continuación del apoyo a Ucrania


El apoyo diplomático, militar, financiero y humanitario sostenido a Ucrania sigue siendo esencial y se ampliará según sea necesario para contrarrestar los costos impuestos por la guerra de agresión de Rusia. 

Apoyar a Ucrania es una pieza central de la arquitectura de seguridad europea y, al mismo tiempo, una oportunidad para hacer visible la capacidad de acción europea. La reconstrucción de la economía ucraniana debe ser planificada, impulsada y diseñada conjuntamente.

Cualquier alto el fuego no puede ser impuesto por Washington o Moscú. Debe respetar la soberanía de Ucrania y los intereses de seguridad de Europa. Las negociaciones de paz no pueden tener lugar sin Ucrania ni sin la Unión Europea. Europa y Alemania deben dar forma activamente a las iniciativas diplomáticas desde una posición de fuerza, incluso nombrando un enviado europeo para representar los intereses comunes europeos frente a Estados Unidos y Rusia. 

Una paz justa y sostenible con garantías de seguridad creíbles no solo sirve a los intereses europeos, sino también a los de Estados Unidos. Es responsabilidad de Europa y Alemania hacer una contribución sustancial. El camino de Ucrania hacia la adhesión a la UE sigue siendo un objetivo estratégico y debe apoyarse con pasos concretos.


3. Construcción de nuevas alianzas


La retirada parcial de Estados Unidos de los foros internacionales debilita el orden internacional basado en reglas. Europa debe responder dando forma a un nuevo multilateralismo junto con sus socios. Este “Multilateralismo 2.0” debe poner el énfasis en la cooperación, el diálogo y soluciones basadas en normas. 

Las alianzas flexibles y específicas con socios de confianza—como Canadá, Australia y Nueva Zelanda—y actores clave del Sur Global y los BRICS democráticos, incluidos India, Brasil, Indonesia y Sudáfrica, son esenciales. 
Juntos, pueden impulsar reformas de instituciones internacionales como Naciones Unidas, el Banco Mundial y el FMI, así como iniciativas conjuntas sobre justicia global, política fiscal, gestión de la deuda y desarrollo sostenible.
La cooperación al desarrollo sigue siendo un pilar central del poder blando europeo. Los programas europeos deben estar mejor coordinados y más enfocados para fortalecer alianzas equitativas en el Sur Global. El enfoque europeo se caracteriza por estándares justos, transferencia tecnológica y respeto a los derechos laborales. Esta nueva orientación permite a Europa actuar con confianza como fuerza modeladora en el siglo XXI—basada en valores, pragmática y comprometida con la asociación.


Fortalecimiento de la soberanía económica y la autonomía estratégica de Europa


Europa debe posicionarse como un socio político y económico central para otras regiones. Esto requiere aprovechar todo el potencial de la fortaleza económica y la interconexión internacional de la UE a través de un mercado interno más integrado, con normas europeas uniformes y una fuerte demanda interna. El enfoque "Comprar europeo" es la respuesta de Europa al hecho de que otros estados ya no respetan las reglas. Al priorizar el uso de productos europeos en las adquisiciones públicas y proporciones definidas de insumos europeos, la UE estimula la demanda y refuerza su autonomía estratégica. 

Esto fomenta la innovación, aumenta la resiliencia frente a áreas económicas proteccionistas o fuertemente subsidiadas y reduce la dependencia de terceros países.

La competitividad depende de un suministro seguro, asequible y resiliente de energía y materias primas. Europa debe ampliar sus fuentes internas de energía no fósil y desarrollar nuevas formas de cooperación energética, basadas en alianzas, con países del Sur Global, sin generar nuevas dependencias.

Las cadenas de suministro resilientes para materias primas críticas, semiconductores y componentes para baterías, junto con reservas estratégicas, objetivos de reciclaje y una ampliación de las capacidades mineras dentro de Europa, son fundamentales.

La seguridad alimentaria se ha convertido en una cuestión geopolítica, lo que convierte a la agricultura europea en un sector estratégico que debe fortalecerse.

Una gestión sostenible y cadenas de suministro diversificadas pueden amortiguar los impactos externos. Estos elementos constituyen la base de la autonomía estratégica europea.

Para mejorar su capacidad geopolítica, la UE debe seguir una política comercial más estratégica. Los acuerdos flexibles y específicos deben concluirse más rápidamente, especialmente con socios del Sur Global, en particular en África. 
Fortalecer el papel internacional del euro en el comercio, los pagos y como moneda de reserva es una palanca clave de la soberanía europea. Esto requiere completar la unión bancaria y de mercados de capitales, avanzar en el euro digital y permitir que todos los estados miembros de la UE se unan a la unión monetaria. Europa también debe reforzar su papel como refugio seguro para la inversión.

Una agenda integral de investigación e innovación es esencial para asegurar la competitividad de Europa a largo plazo. En campos estratégicos como las redes 6G, la inteligencia artificial, los servicios en la nube, los centros de datos, los semiconductores, las tecnologías climáticas, así como los sectores financiero y de la salud, Europa debe alcanzar un liderazgo tecnológico y transformar la excelencia en investigación en aplicaciones listas para el mercado.

Esto incluye una política industrial que permita el desarrollo de campeones europeos en sectores estratégicos. Sobre la base de fortalezas existentes —por ejemplo, en servicios en la nube y software empresarial—, los procesos coordinados de contratación pública y adquisición, así como la definición de estándares comunes, pueden utilizarse estratégicamente para fortalecer a los proveedores europeos y garantizar su competitividad global.

Para esta agenda tecnológica se requieren inversiones significativas que no pueden cubrirse únicamente con los presupuestos nacionales ni con el presupuesto actual de la Unión Europea. Por ello, se necesitan instrumentos conjuntos de financiación europea y nuevos recursos propios.

Europa debe hablar con una sola voz. Para seguir siendo capaz de actuar, se requieren ajustes institucionales. Europa necesita un debate abierto sobre transferencias adicionales de soberanía de los estados miembros al nivel europeo, junto con el fortalecimiento de sus estructuras democráticas—como la ampliación del voto por mayoría en el Consejo y el refuerzo del papel del Parlamento Europeo, incluyendo la introducción del derecho de iniciativa legislativa. Al mismo tiempo, deben utilizarse de forma coherente y plena las posibilidades existentes en los Tratados de la UE. Considerando los desafíos geopolíticos actuales, Europa requiere un modelo de integración diferenciada. 
Junto con otros estados dispuestos, Alemania puede liderar mediante una mayor cooperación conforme al artículo 20 del Tratado de la Unión Europea, permitiendo así pasos concretos hacia una mayor soberanía europea.

 Esta forma de cooperación permanece abierta a todos los estados miembros.


5. Fortalecimiento de la resiliencia democrática


El apoyo anunciado por la administración estadounidense a fuerzas populistas de derecha en Europa constituye un desafío directo a la soberanía europea y la integridad democrática. Europa debe responder fortaleciendo visiblemente la resiliencia democrática. La injerencia en elecciones, la financiación política o la integridad territorial deben ser claramente identificadas como líneas rojas y enfrentadas con firmeza.

Proteger el orden democrático liberal requiere instituciones judiciales fuertes e independientes, servicios de inteligencia y seguridad eficaces, una mayor conciencia pública sobre las amenazas a la democracia, transparencia en la financiación de partidos y una prevención integral de la desinformación—especialmente para grupos vulnerables. Los niños y jóvenes requieren protección especial en el espacio digital. Las plataformas deben ser responsables de eliminar contenidos dañinos, y la alfabetización mediática debe integrarse firmemente en los planes de estudio. Los programas de apoyo a la democracia deben fortalecerse para asegurar la estabilidad a pesar de las mayorías políticas cambiantes. Debemos proteger valores fundamentales como la libertad de expresión, la protección de las minorías y la tolerancia. La democracia europea debe volverse más resiliente.


Garantizar la soberanía digital


Europa puede aprovechar su mercado de 450 millones de consumidores para establecer estándares digitales globales. Esto incluye una aplicación más estricta de la ley de competencia y de medios, el etiquetado de bots y contenido generado por IA, y mayores requisitos de transparencia para exponer la influencia encubierta. La regulación debe ir acompañada de una aplicación efectiva. La Ley de Servicios Digitales, la Ley de Mercados Digitales y la Directiva de Servicios de Medios Audiovisuales forman la columna vertebral jurídica de la soberanía digital europea y deben aplicarse de manera coherente. Las empresas tecnológicas globales deben cumplir las normas europeas.

Al mismo tiempo, Europa debe invertir decididamente en plataformas digitales europeas para proteger el espacio público de la influencia externa. Las alternativas europeas a las redes sociales existentes son un componente clave de la soberanía digital y deben ser apoyadas mediante financiación específica y normas claras. Un impuesto digital a las plataformas globales puede promover una competencia más justa y limitar su excesivo poder de mercado.


Recalibrar las relaciones transatlánticas


El alejamiento de la administración estadounidense del orden internacional basado en reglas es una realidad a la que Europa debe responder sin abandonar la asociación transatlántica. Estados Unidos es más que una sola administración y seguirá siendo un socio clave. Europa debe seguir una estrategia de simultaneidad: reconocer las dependencias existentes, mientras avanza en la soberanía europea y mantiene un nivel mínimo de cooperación en seguridad.

Esto requiere fortalecer los lazos no solo con la actual administración estadounidense, sino también con republicanos y demócratas moderados, actores estatales y locales, centros de investigación, universidades y empresas. El objetivo es construir una densa red de relaciones políticas y sociales que perdure más allá de los ciclos electorales. Los previsibles conflictos políticos internos en Estados Unidos sobre democracia, política social y económica dejan claro que Europa debe seguir invirtiendo en el diálogo con sus socios estadounidenses.

Para el SPD, sigue siendo claro: Estados Unidos no es nuestro adversario. Los valores que han definido las relaciones transatlánticas—un orden internacional basado en reglas, seguridad compartida, democracia, libertad, cooperación económica y la universalidad de los derechos humanos—siguen siendo la base de nuestras políticas. 

Continuaremos este camino junto con nuestros socios afines y Estados Unidos.
 

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