11.02.2026

Soberanía sobre nuestros cuerpos y territorios: perspectivas de mujeres latinoamericanas frente a la invasión a Venezuela

Preguntas y respuestas de una red de mujeres latinoamericanas y caribeñas sobre la invasión estadounidense a Venezuela: perspectivas regionales y de género

Por Amassuru - Mujeres en Seguridad y Defensa en América Latina y el Caribe

 

Presentación

La invasión de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro (2013-2026) y de la diputada Cilia Flores, su compañera, el 3 de enero de 2026, marcaron un punto de inflexión en la ya prolongada crisis venezolana. 

En los días posteriores, en un contexto atravesado por bombardeos, daños a la infraestructura civil y militar, interrupciones en las comunicaciones y un clima generalizado de miedo, mujeres de la red Amassuru –una red de más de novecientas mujeres que trabajan en asuntos de seguridad y defensa en distintos países de América Latina y el Caribe– se reunieron para dialogar, escucharse y poner en palabras lo ocurrido. En esta conversación participaron venezolanas que viven en el país, así como integrantes de la red de otros países de la región. La conversación fue el resultado del testimonio directo de las colegas de Amassuru que se encuentran en Venezuela, la experiencia en derechos humanos de activistas e investigadoras y la reflexión política basada en largos períodos de análisis. Posteriormente, la conversación se transformó en este artículo. Por tanto, este no se deriva de una mirada externa ni neutral, sino de voces situadas que viven, acompañan y analizan las consecuencias de la violencia en la vida cotidiana en el país y la región.

La invasión en Venezuela no puede entenderse como un hecho aislado. Se inscribe en una historia reiterada de intervenciones extranjeras en el Caribe y América Latina, así como bloqueos económicos internacionales y en más de una década de crisis humanitaria y de violaciones sistemáticas de derechos humanos en Venezuela, profundizadas por la precarización económica, la represión política y la incapacidad del Estado de garantizar condiciones mínimas de protección a su población. Las respuestas de los organismos multilaterales han sido insuficientes y las salidas políticas promovidas desde dentro del país no han logrado detener el deterioro institucional ni aliviar la emergencia social, dejando a amplios sectores (incluso a las mujeres) expuestos a múltiples formas de violencia estructural.

Desde una mirada feminista, esta conversación colectiva de Amassuru dio origen a este artículo en formato de preguntas y respuestas, escrito a varias manos. Por cuestiones de seguridad decidimos anonimizar nuestros nombres. Todavía, compartimos que somos profesoras, investigadoras, consultoras internacionales y activistas en el campo de seguridad y defensa en diferentes países de la región. Nuestro artículo busca profundizar en las implicaciones de las intervenciones de potencias extranjeras en países latinoamericanos y en el impacto diferenciado sobre mujeres, familias y comunidades. En nuestro análisis, las mujeres no aparecen únicamente como víctimas de la guerra, la represión o la crisis, sino como sujetas políticas centrales en el sostenimiento de la vida, la defensa de la soberanía, la denuncia de las violencias, la producción de conocimiento y la construcción de horizontes de paz en un escenario de reconfiguración del orden mundial.

 

¿Cómo están y cómo se sienten hoy las compañeras venezolanas? ¿Qué podemos hacer como Red de mujeres para entender mejor y aportar a la situación de las mujeres?

 

Mujer 1. Vive en Venezuela y trabaja en derechos humanos, acción humanitaria y periodismo

Mi labor se desarrolla bajo protocolos de seguridad construidos desde la sociedad civil. Aun así, el ejercicio cotidiano de mi trabajo está marcado por un profundo cansancio y desgaste emocional, especialmente en el periodismo, donde cada vez menos colegas logran sostener la cobertura por miedo, agotamiento y falta de condiciones. La crisis venezolana no es un fenómeno reciente sino una conflictividad prolongada, atravesada por múltiples formas de injerencia, por ejemplo de Cuba y Rusia, frente al cual la solidaridad internacional ha sido históricamente insuficiente y solo se activa de manera tardía y limitada, dejando a las organizaciones y a quienes defienden derechos humanos en una situación de extrema fragilidad. Son mayoritariamente mujeres quienes acompañan y defienden a las personas detenidas, cargando con responsabilidades familiares en un contexto de crisis, represión y amenazas. Además, hay una dinámica de “puerta giratoria”, con detenciones arbitrarias, controles sin identificación y restricciones severas a la libertad de expresión de periodistas excarcelados, incluyendo casos de violencia sexual, documentados por la organización a la que represento. 

 

Mujer 2. Vive en Venezuela, periodista e investigadora

Vivimos en un estado de terror generalizado que se intensificó tras los bombardeos y ante la ausencia de un plan estatal para la protección de la población civil. Hace más de diez años, por la crisis económica, sobrevivir cotidianamente es heroico. A la clase política venezolana le ha quedado grande el país. En relación con la injerencia extranjera, no puede equipararse el imperio de los Estados Unidos con Cuba, que saldó una deuda social del país y que responde a otra lógica y escala de poder. Una evaluación crítica de los actores no puede simplificarse ni oscurecerse bajo una sola categoría de injerencia. La única salida posible pasa por una solución política que escuche todas las voces

La Red Amassuru puede contribuir abriendo espacios de discusión y escucha para: 1) comprender la complejidad de las disputas políticas en Venezuela sin reducirlas a lecturas binarias; 2) facilitar diálogos feministas informados para procesar las contradicciones, visibilizar impactos diferenciados y sostener una reflexión colectiva que escape de la simplificación ideológica.

 

¿Cómo se deben interpretar los conceptos y el uso indistinto de términos como intervención, secuestro o injerencia en el marco de los eventos en Venezuela? 

 

Mujer 3. Colombiana, trabaja en prevención de la violencia

Uno de los principales desafíos frente a los hechos ocurridos en Venezuela es la dificultad de nombrar el conflicto sin caer en simplificaciones o eufemismos. El uso indistinto de términos como acontecimiento, intervención, secuestro o injerencia no es neutro: cada uno produce efectos políticos y define marcos de legitimidad o negación de la violencia. En este contexto, es muy importante examinar el papel de los organismos internacionales, cuya capacidad de protección se revela limitada (cuando no inexistente) en escenarios donde los Estados incumplen sistemáticamente la garantía de derechos fundamentales. La noción de injerencia es particularmente problemática si no se delimitan con claridad sus alcances, umbrales y banderas rojas, en tanto puede contribuir a la normalización de prácticas de control externo sobre los territorios. Así, el debate sobre cómo nombrar lo ocurrido no es meramente semántico, sino profundamente político: implica reconocer el carácter violento del proceso, disputar los marcos interpretativos dominantes y cuestionar quién detenta el poder de definirlos y con qué consecuencias concretas para las poblaciones afectadas.

 

Mujer 2. Vive en Venezuela, periodista e investigadora

Las denominaciones varían según los actores y el lobby trumpista: el gobierno habla de secuestro; sectores afines a María Corina Machado, con mayor visibilidad internacional, utilizan el término extracción; y otras voces han señalado una tentativa de ocupación. El debate sobre la injerencia exige ampliar y “desnarcotizar” el análisis para evitar simplificaciones. Venezuela es políticamente más diversa que las narrativas dominantes. En el interior del país existen tres tipos de oposición: 1) una con mayoría electoral liderada por María Corina Machado, hoy ilegalizada de facto y perseguida; 2) una oposición parlamentaria que pactó sus curules con el gobierno; y 3) una izquierda política –comunista, socialista y socialdemócrata– cofundadora del chavismo, también perseguida, que se opone a Maduro y a Machado, con menor representación electoral y visibilidad internacional. En Venezuela es difícil ponerle nombre a lo ocurrido, justamente por esa superposición de intereses, narrativas y asimetrías de poder.

 

Mujer 1. Vive en Venezuela y trabaja en derechos humanos, acción humanitaria y periodismo

Hay dificultad de nombrar lo ocurrido y la oposición interna está profundamente desarticulada, con vocerías desplazadas al exterior por razones de seguridad. Desde organizaciones de derechos humanos y el periodismo, se ha optado por referirse a los hechos como “la captura”, enfatizando los intereses económicos que subyacen a la intervención y sosteniendo denuncias documentadas ante instancias internacionales.

 

¿Por qué Venezuela se ha vuelto un territorio central en la disputa por la hegemonía global y qué riesgos abre esta intervención para América Latina?

 

Mujer 4. Profesora e investigadora de relaciones internacionales de México

Desde una mirada situada fuera de Venezuela, el país se ha vuelto estratégico no solo por el gobierno de turno, sino por su peso geopolítico, energético y territorial en la disputa entre Estados Unidos y otras potencias. Venezuela concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo y mantiene vínculos económicos con China, Rusia, Irán e India, lo que la convierte en un nodo clave de competencia intercapitalista. Los Estados Unidos buscan reafirmar su supremacía hemisférica, reactivando una versión renovada de la Doctrina Monroe, no solo para controlar recursos sino también espacios, rutas comerciales y de comunicación. La acción unilateral estadounidense debilita el multilateralismo y puede legitimar intervenciones similares en otros países de la región, en un contexto en el que la cooperación internacional está en franca decadencia. Desde una memoria latinoamericana marcada por golpes de Estado y dictaduras, estas disputas afectan principalmente a los pueblos y no a las élites, y las violencias recaen de forma desproporcionada sobre los cuerpos y territorios más vulnerables, especialmente los de las mujeres.

 

Mujer 5. Profesora e investigadora en estudios internacionales de Ecuador

Hay que leer lo ocurrido desde el marco de una “globalización desviada u oscura”, en la que el modelo clásico de globalización se ha debilitado y da paso a una reorganización simultánea de poderes locales, regionales y globales. A diferencia de la Doctrina Monroe tradicional, la nueva mirada de América Latina, como el tradicional patio trasero de Estados Unidos, hoy se encuentra fragmentada, sin unidad entre los pueblos y atravesada por tensiones intergeneracionales, procesos crecientes de despolitización y una crisis de representación y ambientes abiertos de guerra cognitiva. En este escenario, las lecturas no pueden hacerse solo de arriba hacia abajo: es necesario un análisis desde abajo, en el que se expresan las mayores turbulencias y la conducción política de cada Estado tiene y aporta sus propias dinámicas e intereses que intentan resolverse con distintas estrategias y cursos de acción. Dicha fragmentación ha debilitado la resiliencia de los Estados frente al crimen organizado y las amenazas (incluidas las ambientales y fronterizas) son construcciones políticas impulsadas por intereses transnacionales. En este contexto, los nativos digitales emergen como actores capaces de producir cambios políticos, en medio de una disputa global cada vez más inestable, donde la lucha por las hegemonías es constante y cada vez más compleja.

 

Mujer 6. Profesora e investigadora de estudios políticos de Ecuador

Complementando la lectura geopolítica, la soledad internacional que atraviesa Venezuela es una experiencia que yo identifico también en Palestina y en otros contextos de violencia prolongada. En ambos casos existen intereses económicos claros que sostienen la guerra, la invasión y el despojo, mientras la indignación internacional resulta insuficiente. Las empresas buitre que hoy miran a Venezuela no piensan solo en un país sino en la región latinoamericana como un conjunto de territorios ricos en recursos. Desde esta lógica de necropolítica, en la que la acumulación se impone sobre la vida, son las mujeres quienes ponen el cuerpo: como cuidadoras, como sostenedoras de familias y como principales actoras en la defensa de personas encarceladas. Para comprender que se trata de un patrón global de despojo y violencia debemos unir los puntos entre Venezuela, Palestina, Sudán, Nigeria y Ucrania. Debe haber un activismo feminista internacional que denuncie con fuerza estas conexiones y sus impactos diferenciados sobre las mujeres.

 

Mujer 7. Investigadora colombiana en relaciones internacionales

Lo ocurrido en Venezuela no es un hecho aislado sino parte de un momento histórico en el que potencias grandes y medianas están reorganizando su poder, generando conflictos en distintas regiones como Irán, Yemen, Arabia Saudita y Emiratos Árabes. La intervención en Venezuela responde principalmente a intereses económicos, en particular a la reconfiguración energética derivada de la guerra entre Rusia y Ucrania y a la disputa por el destino del petróleo. Este escenario ha intensificado una polarización global que empuja a lecturas simplistas y refuerza posiciones extremas. En diálogo con el debate colombiano sobre soberanía, hay urgencia en romper la polarización y abrir espacios de diálogo que permitan defender la soberanía y la democracia sin que estas se conviertan en pretextos para nuevas arbitrariedades.

 

Mujer 8. Profesora e investigadora de relaciones internacionales de Brasil

El debate ha prestado poca atención a la noción de soberanía, pese a que Venezuela está siendo utilizada como escenario de disputa entre superpotencias. En Brasil se publicó una encuesta reciente que muestra que el 58% de la población teme que ocurra un proceso de intervención similar. Este temor está anclado en la memoria histórica sobre las dictaduras militares en países como Brasil, Chile y Argentina, que tuvieron el apoyo de Estados Unidos. Sabemos que las invasiones no traen más derechos humanos sino nuevas violencias. Es necesario reconocer que hoy coexisten ataques a los derechos humanos y a la soberanía en Venezuela. El desafío es no contraponer ambos principios sino sostenerlos conjuntamente, evitando dos ilusiones: primero, que esta intervención externa pueda resolver las condiciones de derechos humanos; y segundo, que no hace parte de una disputa geopolítica mayor.

 

Mujer 9. Investigadora colombiana en ciencias políticas e internacionales

Los hechos del 3 de enero no solo reordenan el escenario político sino que están reconfigurando el mundo criminal, con impactos directos y diferenciados sobre las mujeres. La presencia y el rol de la embajada de Estados Unidos en Venezuela deben leerse también en clave de este reacomodo, que incide en economías ilegales, violencias y controles territoriales. Además, la experiencia histórica del acompañamiento diplomático de Venezuela a los procesos de paz en Colombia es un ejemplo de una diplomacia orientada a la resolución de conflictos. 

 

Mujer 10. Investigadora de estudios internacionales y medio ambiente con conexiones en Chile y Argentina

La consigna de “recuperar el petróleo” impulsada por la administración Trump se inscribe en una lógica de acumulación por desposesión, como argumenta Harvey, propia de un capitalismo en crisis que ya no genera riqueza sino que depende crecientemente de la extracción de recursos, territorios y cuerpos. Este proyecto requiere estabilidad político-social, pero no necesariamente democracia ni garantías de derechos, ya que para las petroleras lo central es el orden, no la participación política. Desde esta perspectiva, no resultan contradictorias la interlocución con sectores del PSUV ni la negociación con empresas como Chevron. La presión político-militar de Estados Unidos debe leerse más como defensiva que ideológica, orientada a excluir capitales competidores y asegurar influencia hemisférica, con un mensaje implícito dirigido a Moscú y Pekín, bajo la retórica de “nuestro hemisferio”.

 

Mujer 2. Vive en Venezuela, periodista e investigadora

El retorno de la embajada de Estados Unidos es el claro tutelaje de una dictadura. Estas negociaciones responden a una lógica de contención del uso de la fuerza, más que a un proceso democrático genuino. La presencia de actores armados transnacionales en Venezuela requiere un enfoque de solución política estructural, binacional y de integración con perspectiva feminista, de derechos humanos y derecho internacional humanitario. La experiencia de participación de la sociedad en la construcción de la paz en el proceso de paz con el ELN es un nuevo paradigma internacional que puede ser asumido en el diálogo venezolano. Este enfoque no implica legitimar economías ilegales ni violencias de género: sí se puede condenar el terrorismo de Estado, la criminalización de la pobreza, las medidas coercitivas unilaterales, la intervención militar y secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores

 

¿Qué roles están asumiendo las mujeres en el actual escenario venezolano de intervención y violencia, y cómo una lectura feminista latinoamericana permite comprender sus impactos políticos, territoriales y corporales en la región?

 

Mujer 11. Investigadora de género y seguridad de Colombia

Hay que interrogar desde dónde estamos pensando lo ocurrido y las propias preguntas, proponiendo el cuerpo como eje central de análisis. Los cuerpos de las mujeres funcionan como primer territorio de la violencia, donde se inscriben la invasión, el control y la disciplina, no solo a nivel individual sino también comunitario. Desde allí, hay que repensar la soberanía incorporando la capacidad organizativa de las mujeres frente a la crisis venezolana. Tenemos que releer la Doctrina Monroe desde los cuerpos y la vida cotidiana, para comprender que Venezuela no es una excepción sino un escenario que puede reproducirse en otros territorios de América Latina si no se cuestionan las lógicas que naturalizan la intervención.

 

Mujer 5. Profesora e investigadora en estudios internacionales de Ecuador

Tenemos que hacer una lectura compleja e integral que articule variables sociales, políticas y de violencia, y que desplace el foco exclusivo del control territorial hacia el cuerpo de las mujeres como primera escala de la intervención. Desde esta mirada, el ataque a la intimidad, la vida cotidiana y los vínculos comunitarios constituye la primera escalada geográfica de la violencia, un aspecto ignorado por la geopolítica tradicional. La acción de aparatos de inteligencia extranjeros y locales ha sostenido una visión masculinizada del poder, invisibilizando a las mujeres y reproduciendo violencia feminicida y criminalización. Frente a ello, hay urgencia en recuperar la perspectiva feminista, alzar la voz y fortalecer procesos de emancipación y organización comunitaria.

 

Mujer 7. Investigadora colombiana en relaciones internacionales

En distintos contextos de violencia y autoritarismo (como Irán, Venezuela o Estados Unidos), las mujeres son quienes activan las principales formas de resistencia, pero sus acciones rara vez son visibilizadas. En Venezuela, por ejemplo, el foco mediático suele centrarse en los presos políticos hombres, mientras que son las mujeres quienes sostienen la defensa, el cuidado y la denuncia. Podemos hacer un paralelo con el contexto migratorio en Estados Unidos, en el que las mujeres se interponen físicamente a la violencia estatal y son también quienes enfrentan los mayores riesgos, incluso la muerte –como fue el caso de Renee Good en Minneapolis. Las narrativas hegemónicas se aprovechan de la violencia y naturalizan la guerra como forma de paz. Hay urgencia de crear mecanismos propios para visibilizar el protagonismo de las mujeres, evitando que otros discursos hablen en su nombre y borren su acción política.

 

Mujer 1. Vive en Venezuela y trabaja en derechos humanos, acción humanitaria y periodismo

Venezuela puede convertirse en una puerta de entrada para legitimar prácticas contrarias a la Agenda 2030 y a los derechos de las mujeres en la región. Desde mi experiencia de años trabajando en género, el país presenta un fuerte rezago: el movimiento feminista y de diversidades fue uno de los primeros en ser desarticulados, mientras que las mujeres han asumido centralmente la defensa de personas detenidas, muchas de ellas también encarceladas. La falta de financiamiento –agudizada tras la llegada de Trump– redujo drásticamente las capacidades de las organizaciones, hoy imposibilitadas incluso para producir datos con enfoque de género. Hubo el caso de una feminista detenida y agredida en agosto, cuya excarcelación fue posible gracias a la presión internacional, como ejemplo del rol estratégico que la red puede desempeñar para proteger, denunciar y amplificar estas luchas.

 

Mujer 11. Investigadora de género y seguridad de Colombia

Deberíamos repensar el concepto de soberanía desde los aportes de los estudios feministas y la ciencia política. La violencia ejercida sobre los territorios está indisolublemente ligada a la violencia ejercida sobre los cuerpos, en especial aquellos leídos como femeninos. La intervención en Venezuela fue legitimada discursivamente antes del uso de la fuerza, mediante la promesa de “llevar democracia” y “proteger derechos”, una narrativa que invisibiliza los impactos corporales y cotidianos de la violencia. El temor extendido ante la ferocidad de los cambios en curso y la denuncia de lo ocurrido por parte de organizaciones feministas en distintas esquinas de América Latina, que han construido memoria histórica sobre la violencia estatal e intervencionista, revelan la urgencia de nutrir un concepto de soberanía situado que reconozca cómo las agresiones territoriales se traducen en inseguridad, control y daño sobre las personas y sus comunidades.

 

Fin de la conversación.

 

Nota final

Esta conversación enfatiza la inmensa validez del análisis construido desde la experiencia y la ética política de las mujeres, y también la capacidad de una lectura feminista orientada a la articulación de dimensiones geopolíticas, de derechos humanos y de poder con un registro profundamente sensible al dolor humano. Las contribuciones hechas por cada una de nosotras no se limitaron a discutir marcos políticos o estratégicos sino que incorporaron de manera central los impactos concretos y cotidianos que estos procesos tienen sobre la vida de las mujeres, sus cuerpos, vínculos y responsabilidades de cuidado. 

Durante un diálogo extendido de más de tres horas, este espacio se convirtió en una oportunidad para evaluar miradas complejas y situadas que rechazan soluciones simplistas y llaman a una salida concertada, con múltiples actores involucrados y con la participación activa de las mujeres. Lejos de quedarnos atrapadas en la polarización, tuvimos un diálogo productivo, de significados particulares compartidos, que abrió caminos para pensar la soberanía de nuestros territorios y nuestros cuerpos desde la vida misma, reconociendo que sin nosotras no hay comprensión plena del conflicto ni posibilidad real de transformación.

 

Sobre las autoras

Amassuru – Mujeres en Seguridad y Defensa en América Latina y el Caribe

Somos una red de mujeres que trabajan en temas de seguridad y defensa en América Latina y el Caribe (ALC), creada para promover el trabajo de las mujeres en la región, así como para facilitar la visibilidad y los espacios de discusión. Juntas somos mucho más poderosas y, por ello, creemos que es fundamental crear una red entre nosotras en un ámbito como el de la seguridad, en el que históricamente hemos sido invisibilizadas. Somos una red independiente y de apoyo a mujeres que trabajan en diversas áreas, incluyendo la investigación, la docencia, el trabajo directo en políticas públicas y prevención, el periodismo, las ONG, los gobiernos nacionales y locales, así como las organizaciones internacionales y la academia. La red Amassuru cuenta actualmente con más de novecientas participantes y trabaja la seguridad en un sentido amplio, abarcando cuestiones de seguridad ciudadana, seguridad humana, seguridad internacional y justicia.

Instagram: https://www.instagram.com/amassuru/ 

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