17.06.2022

Firma invitada: Un desafío para la paz global y la reconstrucción del regionalismo de América Latina

La invasión de Rusia contra Ucrania tiene una serie de impactos globales que afectan grave y directamente la seguridad de América Latina, y plantean un conjunto de desafíos para la región.

Por Marcos Robledo

Miembro de la Red Latinoamericana de Seguridad Incluyente y Sostenible

Profesor de la Universidad de Chile

Exasesor de política exterior y defensa de la Presidencia de la República (2006-2010) y exsubsecretario de Defensa de ese país (2014-2018)

 

La invasión de Rusia contra Ucrania tiene una serie de impactos globales que afectan grave y directamente la seguridad de América Latina, y plantean un conjunto de desafíos para la región.

En el corto, mediano y largo plazo del conflicto, el impacto estructural más importante es la consolidación del fin de la gobernanza organizada sobre la globalización neoliberal, y su reemplazo por una nueva gobernanza geopolítica. Esta se estructura en torno a Estados Unidos y China, en primer lugar; de la Unión Europea y Rusia, en un segundo círculo, y, recientemente, alrededor de una serie de potencias regionales en un tercer nivel. Se trata de una fragmentación de la globalización y de la (re)construcción y (re)acomodación de las zonas de influencia, antiguas y nuevas.

América Latina experimenta directamente esa tensión geopolítica debida, por un lado, a la histórica, aunque recientemente disminuida influencia de los Estados Unidos. Por otro, a la creciente y consolidada influencia de China en América del Sur como socio comercial e inversionista de una envergadura similar a la de Estados Unidos. A esa tensión geopolítica se ha sumado Rusia, convertida en un socio estratégico para regímenes iliberales de la región, como Cuba, Venezuela y Nicaragua. La influencia de Rusia se ha manifestado con nitidez en la cuidadosa ambigüedad que mantuvieron las tres potencias latinoamericanas —México, Brasil y Argentina— frente a la invasión rusa de Ucrania.

La guerra en Ucrania ha tenido varios impactos que la región debe ponderar. El fin de la globalización neoliberal no es buena noticia para Estados Unidos y el G7, pero es muy mala para China y las potencias emergentes. China es la gran ganadora de la globalización neoliberal desde una perspectiva de ganancias relativas.

Si bien Occidente como los países emergentes crecieron durante ese periodo, China creció más y ha terminado liderando a los emergentes en el proceso de sobrepasar a Occidente, y a Estados Unidos en particular. Washington decidió confrontar a Beijing, a partir de la Administración de Barack Obama. Desde entonces es una política de Estado transversal en Washington. China necesita de la globalización para sostener su crecimiento, y la fragmentación sólo dificultará su acceso a los mercados más importantes (Estados Unidos y Europa), como a las tecnologías.

Derecho Internacional y armas nucleares

La guerra en Ucrania ha tenido un segundo impacto no previsto: relegitimar el Derecho Internacional y, con ello, el orden internacional liberal, liderado por Estados Unidos desde el término de la Segunda Guerra Mundial y que se encontraba (y aún se encuentra) en crisis a partir de 2001 y de manera estructural desde 2009. La invasión de Ucrania ha demostrado, sin embargo, que dichas normas (y en particular las del Derecho Internacional), que en muchos casos Washington no cumplía, continúan teniendo una enorme importancia a pesar del nuevo contexto geopolítico.

Adicionalmente, la guerra en Ucrania ha puesto en duda la gobernanza de las armas nucleares durante las crisis internacionales que fue construida durante el conflicto Este-Oeste. La crisis de los misiles nucleares de las ex URSS instalados en Cuba en 1962 fue una de las más graves.

Aunque sea considerado por diversos expertos un escenario improbable, no es posible descartar que el conflicto escale hacia el empleo de armas de destrucción masiva. Aunque estas fuesen “tácticas”, podría generarse un conflicto mayor con este tipo de armamentos que tendría graves consecuencias en todo el planeta. La guerra en Ucrania es la más grave amenaza inmediata a la paz internacional y a toda la Humanidad.

El temor a estas consecuencias globales de la guerra podría haber llevado a China a reaccionar de manera muy cautelosa a la invasión. Sin renunciar a la disputa por la influencia geopolítica, Beijing ha evitado un pronunciamiento que debilite su legitimidad frente al Derecho Internacional, y ha buscado posicionarse como interlocutor capaz de intervenir para impedir una pérdida de la gobernanza y el consecuente agravamiento del conflicto.

El caso latinoamericano

El escenario abierto por la guerra en Ucrania plantea desafíos nuevos y de enorme envergadura al regionalismo latinoamericano. América Latina tiene derecho a influir, pero carece de una voz y de la agencia porque su capacidad como región experimenta la crisis más grave de su historia.

América Latina debería esforzarse en contribuir a la paz y la seguridad internacional. No es aceptable que la región observe pasivamente el quebrantamiento de la paz internacional y cómo esto le afecta. Esta región del mundo podría hablar con gran legitimidad en el escenario global, debido a que es la única que, a pesar de sus altos niveles de conflicto interno, ha logrado construir y consolidar una Zona de Paz, libre de armas nucleares, químicas y bacteriológicas.

La reciente Cumbre de las Américas ha sido, en este sentido, una oportunidad perdida que revela la debilidad y la incapacidad de la región y de Estados Unidos para establecer un diálogo sobre los asuntos globales. América Latina debería exigir a Washington, como a Moscú, la adopción de todas las medidas necesarias para detener la guerra y reducir el riesgo de su agravamiento.

Los estados de la región deben movilizarse en todos los espacios internacionales —multilaterales, interregionales y regionales, y bilaterales— con los actores involucrados. De esta forma, contribuiría con su diplomacia a una movilización global para impedir un escalamiento no convencional del conflicto en Ucrania. Si tiene éxito en esa tarea, la región habrá dado además un paso importante hacia la reconstrucción de su regionalismo y la reconstitución de su autonomía política internacional.

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